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Érase una vez una mujer que quería matar al bebé de su vecina (antología de cuentos de Lyudmilla Petrushevskaya)

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[Contribución al proyecto Adopta una autora, iniciativa de divulgación de la vida y obra de autoras de cualquier época, idioma, nacionalidad, género o formato de lectura]

Bajo el envoltorio de la magia y el misterio, esta recopilación de narraciones breves nos habla de la maldad, la miseria y, a la vez, la esperanza que habitan el corazón humano. Su autora (Liudmila Petrushévskaia, Moscú 1938), sufrió la censura del régimen soviético y solo pudo publicar algunos cuentos sueltos en revistas literarias. Sin embargo, “Los nuevos robinsones", uno de los relatos incluidos en esta antología, cosechó un gran éxito y desde entonces su prestigio no hizo más que crecer.

Los cuentos de Petrushévskaia son inquietantes. No dejan indiferente al lector: o los amas o los odias. Son extraños, absurdos, oníricos, fantasía y sin embargo, son tan reales que es imposible tomar distancia de su magnética crueldad. El estilo de Petrushévskaia es rápido, conciso, directo, efectivo, satírico, flexible,…

Perfil de Lyudmilla Petrushevskaya

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[Contribución al proyecto Adopta una autora, iniciativa de divulgación de la vida y obra de autoras de cualquier época, idioma, nacionalidad, género o formato de lectura]

Liudmila Petrushévskaia (Moscú, 1938), es una de las escritoras más destacada de la literatura rusa contemporánea. Ha publicado dos novelas, quince recopilaciones de relatos y numerosas piezas para teatro, cine y televisión. Su obra ha sido traducida a más de treinta idiomas. Además, es pintora, dramaturga y cantante de sus propias composiciones en cabarets y salas de conciertos.
Aunque comenzó a escribir a finales de la década de los 60, bajo la censura de los años de Brezhnev le resultó casi imposible publicar y solo pudo conseguirlo gracias a la revista Novy Mir (Nuevo Mundo). Cuando sus obras llegaron a las librerías, se convirtió en la voz más singular del panorama literario ruso contemporáneo.

En 2003, a los 65 años, recibió el Premio Nacional de las Letras Rusas, el más prestigioso de su país. En 2004 fue g…

Acabar con un poema

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Una de las formas más hábiles y sugerentes de terminar una obra de ficción es acabar con un poema. A final del cuento de Joyce The dead, Gretta y Gabriel vuelven a casa en coche de caballos tras una fiesta navideña. Fuera cae la nieve; Gretta hace una inocente confidencia y habla de un joven delicado que cantaba para ella. Al poco duerme. El cuento acaba con una melancólica meditación de Gabriel, en prosa. Cuando Huston filmó The dead, los pensamientos de Gabriel se transforman en una poética reflexión sobre el amor, el paso del tiempo, la vida y la muerte. Esta revelación descubre al espectador que ha visto una película distinta de la que creía haber visto. Lindsay Kemp representó en el teatro de mi pueblo Alicia, obra de teatro basada en el clásico de Lewis Carrol. Acabó con un poema, supongo que del propio Carrol, que era un consumado poeta. Entonces yo era joven y no tenía ni idea de inglés pero la voz de aquel señor bajito y amanerado, cargada de emoción, me hizo salir de la but…

La joven triste

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Entró una chica joven, muy bonita, y se dirigió al mostrador. Cruzó unas palabras con la enfermera y se quedó frente a la puerta de una consulta. Llevaba unos jeans ceñidos y una camisa blanca muy holgada. Parecía muy segura de sí misma. Esperó su turno de pie, dándonos la espalda. Pronto la llamaron. Al momento, la doctora salió apresuradamente y dejó la puerta abierta. Desde mi ángulo no veía a la chica pero sí el escritorio de la consulta. Encima había un paquete de pañuelos de papel, algo usual en este tipo de sitios. Entonces, vi a la chica apoyar la cabeza sobre la mesa y sollozar amargamente. Aparté la mirada.

Turismo cinegético

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El bus acorazado recorre los caminos fangosos de un barrio de chabolas. Los turistas, provistos de chalecos antibalas y de armamento sofisticado, disparan sobre los chabolistas por las troneras practicadas al efecto en la carrocería. Desde dentro, el autobús es transparente y los turistas gozan de una sensación de ingravidez mientras se balancean en sus butacas giratorias y contemplan excitados la masacre. Al anochecer rifan un jamón entre los que más piezas han abatido.

Receta para escoger un libro

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Dificultad media.

Ingredientes:
Un lector. Una libreria cualquiera.Algo de pasta. Preparación:
En horario comercial, entramos en una librería y paseamos brevemente por ella. Poner cara de interés.Tomamos un libro al azar, sin leer el título. Es muy importante no leer el título ni fijarse en la portada porque el guiso se puede echar a perder.Abrimos el libro por cualquier parte y leemos la primera línea que veamos.Sentir si el libro "nos llama".En caso afirmativo, comprar el libro. Si el libro "no nos llama", abandonar la librería y repetir la operación pasados unos días.

Un poema blasfemo de Dolors Miquel ma non troppo

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El martes 16 de febrero de 2016, durante la entrega de los Premios Ciudad de Barcelona, la poetisa Dolors Miquel recitó un breve pero contundente poema titulado "Mare nostra". Escrito como una plegaria, escandalizó a las fuerzas vivas, incluso a la prensa presuntamente de izquierdas:

Mare meva, que no ni sé on ets,
de qui només en tinc el nom…

Mare nostra que esteu en el zel
sigui santificat el vostre cony
l'epidural, la llevadora,
vingui a nosaltres el vostre crit
el vostre amor, la vostra força.
Faci's la vostra voluntat al nostre úter
sobre la terra.
El nostre dia de cada dia doneu-nos avui.
I no permeteu que els fills de puta
avortin l'amor, facin la guerra,
ans deslliureu-nos d'ells
pels segles dels segles,
Vagina.

Anem…

"Mare nostra" figura en el poemario Missa Pagesa de 2006. Dolors no recitó los versos en crusiva en su performance municipal [Madre mía, que no sé ni dónde estás, / de quien sólo tengo el nombre...].
Es un poema bastante bueno. …

Soy una cárcel

Estuve una hora hablando de termitas con un profesional del exterminio de plagas. Le tomé cariño a los insectos pero no tanto al presupuesto que me ofreció. Olvidé que hacía un día estupendo. Esto pasa muy a menudo; olvido que hace un día estupendo. No sé los demás, pero yo estoy harto y no precisamente de las tonterías que se escuchan por ahí. Estoy harto de mí mismo porque he descubierto que soy una cárcel, un presidio que camina por el mundo, no un presidiario. Esto también pasa muy a menudo: las calles están llenas de cárceles que caminan Dios sabe donde. Ahora pienso si no me estaré excediendo al escribir Dios con mayúscula y supongo que lo hago porque queda mejor. Si uno dice dios puede referirse a cualquier cosa, en cambio, Dios es apabullante, una supercárcel.
Ser una cárcel es ciertamente molesto. Uno es capaz de encerrarse a sí mismo y de encarcelar a otros con violencia, por supuesto, con cualquier clase de violencia. Y también me pregunto ahora, cuando cunde …

Navidad a cielo abierto

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Durante una temporada trabajé en el sur. Todas las semanas viajaba en coche un par de veces, y una mañana, en vísperas de nochebuena, subí a un autoestopista y recorrimos juntos unos cien kilómetros. Nada más montarlo me arrepentí de haberlo hecho; era un mendigo joven y sucio que ignoraba mi idioma, igual que yo ignoraba el suyo, así que la comunicación fue muy rudimentaria. Parecía bastante contento. Conseguí entender que había pasado seis años en la cárcel y que por fin estaba libre. Cuando bajó del coche, cerca de unas grises naves industriales, me pidió tabaco. Le di el paquete entero y algo de pasta. Le pregunté como iba a pasar la navidad. Dijo que no lo sabía; entonces, le pregunté también si estaba solo. Asintió señalando al cielo y masculló en una especie de italiano: “Dios y yo”, y repitió “Dios y yo”.

Mi padre

Mi padre era un buen hombre. Se levantaba muy temprano cada mañana. Salía al bosque y a las dos o tres horas volvía con algunas piezas. Cuando cazaba algo grande, un ciervo, un jabalí, etc. me llamaba para que le ayudase a despiezarlo y traerlo a casa. Después mi padre llevaba a mis hermanas a la ciudad. Las subía en su sucia camioneta y por la noche las traía de vuelta. No tengo hermanos así que cuando no estaba mi padre, yo era el hombre de la casa. Me ocupaba de los animales, la leña, las reparaciones, en fin, todo lo que un hombre sabe y debe hacer. También debía ocuparme de mi madre. Era una mujer soñadora que se despistaba con frecuencia. Vestía ropa de colores chillones impropia para la montaña, dejaba la colada a medio hacer alegando que el agua estaba muy fría, olvidaba lo que tenía al fuego y se le quemaba la comida. Era un desastre. La casa estaba sucia, las camas sin hacer, la comida siempre mala. Debía emplearme a fondo para conseguir que aquella vieja hicie…

Un niño antes del sueño

De pequeño, entre los siete y los diez años más o menos, tenía una breve visión que se repetía con frecuencia justo antes de quedarme dormido en la cama. Veía una hilera de personas entre las que me encuentro que sube penosamente una cuesta bajo el sol abrasador. No veía el paisaje ni el sendero. Sé que estoy muy cansado, que debo seguir en el grupo y que el camino ha sido y será largo. Después duermo.