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Jamás hubo sombra

Una hermosa voz me despertó de la siesta una lejana tarde de verano. Me había tumbado en el sofá y mi hermano ponía música clásica. Los velos del sueño se abrieron con sutil ligereza y me encontré flotando entre las nubes de un delicioso cielo musical. Tomé nota de la copla: "Ombra mai fu", de Händel. La letra dice, más o menos: "jamás existió sombra más dulce, querida y amable que la de mi amado y frondoso árbol".
Hace unos meses viajamos a mi ciudad de origen. Sonó en la radio del coche Ombra mai fu. En realidad, la tengo programada en el dispositivo y no fue ninguna sorpresa. Atardecía en el ancho valle del Guadalquivir y yo pensé entonces en "mi amado y frondoso árbol", la grandiosa encina bajo la que descansan las cenizas de mis padres. Empecé a llorar despacio, no sé si de alegría o de pena. Mi amiga también lloró, sin saber la letra ni lo que yo estaba pensando.
Hace un par de semanas puse la radio del desván y empezó a sonar, desde el principio, O…
Entradas recientes

Imagen de Simone Weil

Simone Weil (París, 1909 - Ashford, 1943) fue una mujer de una inteligencia y una sensibilidad fuera de lo común. Simone de Beauvoir comentó sobre ella: «Me intrigaba por su gran reputación de mujer inteligente y audaz. Por ese tiempo, una terrible hambruna había devastado China y me contaron que cuando ella escuchó la noticia lloró. Estas lágrimas motivaron mi respeto, mucho más que sus dotes como filósofa. Envidiaba un corazón capaz de latir a través del universo entero». A principios de agosto de 1936 tomó el tren para Barcelona. Estuvo en el frente aragonés con la columna Durruti. A los dos meses sufrió un providencial accidente: se quemó un pie con una sartén llena de aceite hirviendo y fue repatriada. Desencantada por la brutalidad y el sinsentido de la guerra, no quiso regresar. Toda su obra, editada por sus amigos, se publicó después de su muerte. Destaca por la ética de la autenticidad y una rara combinación de lucidez, honestidad intelectual y desnudez espiritual.

Un gato

El chiringuito, cutre. El arroz duro y aceitoso. El precio excesivo. El mar demasiado brillante, el cielo demasiado azul, el camarero demasiado simpático, los comensales ruidosos, el toldo sofocante. Un gatito portuario se acerca a la pata de la mesa y yo, aburrido, dejo caer un trozo de pescado. El gato acerca su naricilla al pescado y me mira. Espera unos segundos y lo come tranquilamente, como un consumado y hábil gourmet. Quizá ese instante que dedican los gatos a estudiar la comida sea un reflejo de su instinto cazador, un ritual. Mi trocito de pescado es la presa que ha obtenido de un humano más. El camarero cuando pasa le da una patada.

Imagen de Lyudmilla Petrushevskaya

˝Érase una vez una mujer que quería matar al bebé de su vecina˝ de Lyudmilla Petrushevskaya es una antología de cuentos de miedo, misterio, maldad, miseria y esperanza.  El estilo de Petrushevskaya es conciso, rápido. Qué pena que el libro esté agotado.

El mensaje es el medio

El próximo medio de comunicación, sea cual sea —como, por ejemplo, una extensión de la conciencia—, incluirá en sí mismo los contenidos de la televisión, no su entorno, y transformará la televisión en una forma de arte. Un ordenador como un instrumento de investigación y comunicación podría mejorar la realimentación del conocimiento, dejar obsoletas las grandes bibliotecas, recuperar la actitud enciclopédica del individuo y hacer todo ello rápidamente, a medida que los datos que se utilicen se conviertan en algo comercializable.
Marshall MacLuhan, 1962

La joven triste

Entró una chica joven, muy bonita, y se dirigió al mostrador. Cruzó unas palabras con la enfermera y se quedó frente a la puerta de una consulta. Llevaba unos jeans ceñidos y una camisa blanca muy holgada. Parecía muy segura de sí misma. Esperó su turno de pie, dándonos la espalda. Pronto la llamaron. Al momento, la doctora salió apresuradamente y dejó la puerta abierta. Desde mi ángulo no veía a la chica pero sí el escritorio de la consulta. Encima había un paquete de pañuelos de papel, algo usual en este tipo de sitios. Entonces, vi a la chica apoyar la cabeza sobre la mesa y sollozar amargamente. Aparté la mirada.

Inteligencia mágica

El pensamiento racional es una forma de pensamiento mágico. El pensamiento racional adopta modalidades muy diversas como, por ejemplo, el método científico, que renuncia aparentemente a toda idea espiritual; el sentido común, que sirve entre otras cosas para organizar la vida y, por tanto, crear más injusticia de la que ya existe; el sentido práctico, que se esmera en poner cada cosa en su sitio y construir un mundo más habitable; y, también, el sentido religioso que, a pesar de ser pensamiento mágico puro y duro, se esfuerza permanentemente en ser considerado verdadero, productivo y útil, es decir, científico, técnico y práctico. En términos generales, el pensamiento religioso tiene la ventaja de ser compatible con todos los demás, que muchas veces se enfrentan violentamente entre si, y también tiene la ventaja de planear sobre los otros debido a su cercanía a las alturas.
El dominio de la inteligencia religiosa, poética, artística, etc., sobre la inteligencia racional, sugiere que és…

Imagen de George Orwell

Anoche fui al cine. Todas las pelis eran de guerra. En una muy buena un helicóptero bombardeaba una patera en alguna parte del Mediterráneo. El público flipó cuando el helicóptero se lanzó tras un gordo que intentaba escapar nadando. Primero veías al gordo chapoteando como una tortuga, luego lo veías por las mirillas de las ametralladoras, luego veías como lo acribillaban, el mar se teñía de rojo y el gordo se hundía como si el agua le entrara a borbotones por los agujeros de las balas. La gente se partía de risa mientras el gordo desaparecía entre las olas.
1984, George Orwell

Imagen de Leonardo Scicascia

Volé sobre el Atlántico con "Il mare color del vino", antología de cuentos de Leonardo Sciascia. El primer párrafo me golpeó como una ola cálida. Era el párrafo que yo buscaba desde hacía años, que por fin encontraba a diez kilómetros de altura, que sería incapaz de escribir jamás y que nunca me serviría para salvar el cuento que tenía atascado. Me vi escribiendo todo un cuento con aquel tono poderoso, lírico. Y cerré el libro.